Ponlo en tu clítoris y deja que empiece el juego. El frío aparece primero, recorre despacio y aprieta la piel, la despierta, la deja más sensible de lo normal. En segundos ya lo sientes distinto: cuando vuelves a tocar, cada roce cae donde tiene que caer, más directo, más intenso, más profundo. Tu cuerpo responde sin que tengas que pensarlo, más rápido, más abierto, pidiendo que sigas.
Aplica 1 o 2 gotas
Empieza a tocar, explorar, jugar
Sopla o aumenta la fricción para intensificar la sensación
Repite si quieres… o si no quieres que termine todavía.
